Historia de la cartografía (Segunda parte)

Queridos lectores,

Tras una pausa un poco más larga de lo deseada, volvemos con nuestra actividad para finalizar el post anterior. Hablábamos de mapas, y de cómo han ido cambiando a lo largo de la historia. Si en el post anterior, obligadamente, tuvimos que hacer un repaso de la evolución técnica de la cartografía a lo largo de la Antigüedad, en este último post vamos a dedicarnos a algo más liviano: los nuevos territorios, que se han ido añadiendo a nuestros mapas.

Y al igual que en el post anterior, hemos de comenzar realizando un pliego de descargos: si dejamos la evolución de la cartografía en Ptolomeo, quien ya usaba conceptos como latitud y longitud, es preciso ser conscientes que existe un larguísimo período en el que los mapas no sólo no avanzan técnicamente, sino que retroceden notablemente. Es la Edad Media, esa que en los libros de Historia empieza con la caída de Roma y termina en la caída de Constantinpla, más de 1000 años después. 1000 años habitualmente asociados a barbarie y embrutecimiento intelectual general (con razón casi siempre), con desastres culturales como la referida destrucción de la Biblioteca de Alejandría, pero en los que encontramos sorprendentes avances y descubrimientos a poco que estudiemos un poco el tema más a fondo.

Pero esa no es la cuestión en este post, sino los territorios. Así pues, desde el punto de vista europeo, ¿qué hemos ido añadiendo a nuestros mapas desde la Antigüedad?

El primer gran mapa tras el de Ptolomeo, que sirvió de referencia a toda Europa durante siglos, fue el de Al-Idrisi, quien, a través de la información obtenida de la densa red de ruta comerciales del mundo árabe, consigue elaborar un mapa de una enorme precisión, la llamada Tabula Rugeriana. Si os despista ver el mapa, una pista: el norte y el sur están invertidos.

Tabula Rugeriana de Al-Idrisi

¿Y de África? Pues de África, para los europeos, poca cosa al sur del Sáhara. Pero iba a ocurrir algo clave en el Islam: la llegada al poder político y territorial de los turcos selyúcidas, que ocuparon alrededor del siglo XIII las actuales Iraq e Irán.

Imperio Selyúcida

En realidad llevaban por allí desde unos siglos antes, pero por esta época las cosas se pusieron tan difíciles para el paso de caravanas y el mantemiento de rutas comerciales con estos señores turcos (sobre todo para los mercaderes genoveses y fiorentinos en plena expansión económica), que fue preciso buscar otro paso hacia Asia. Y este no estaba por América, ni mucho menos, que por allí había un mar burbujeante, dragones, sirenas y todo tipo de bichos malvados. No, el paso estaba por África.
De entrada; África ya estaba navegada, y más que navegada. Se supone que romanos, cartagineses, fenicios, etc, ya la habían rodeado. ¿O es que alguien se cree que nuestros amigos los romanos, tipos prácticos donde los haya, iban a dejar de mirar “que había más al sur”? no por nada, sino por obtener recursos . Sin embargo, las dificultades del medio (desiertos, espesas selvas) y las poblaciones locales no debieron acompañar, y solo se produjeron unos pocos e inestables asentamientos en la costa. Y para los musulmanes, más o menos lo mismo.

Etapas de la expansión portuguesa por África

Así que no fue hasta el siglo XV cuando se redescubrió África, de nuevo para los ojos de Europa, o en este caso de los portugeses. De esta época datan varios mapas que nos muestran con bastante precisión las costas de Europa, África y Asia, como este de Hammer, de 1490.

Mapa de Hammer 1490

1490… ¿eso no queda cerca de alguna fecha significativa de la Historia? Pues sí, lógicamente los mapas iban a tener que cambiar y mucho con el Descubrimiento de América (para los europeos no vikingos). Y es que desde la llegada de Colón a América (ya sabéis las causas de la búsqueda de Asia por occidente: la ruta africana estaba tomada por los portugueses, y la ruta asiática estaba “difícil” por los turcos), empiezan a aparecernos islas y nuevos territorios como setas. El gran mapa de esta época es el del cántabro Juan de la Cosa. En su mapa aparecen cartografiadas con suma precisión algunas costas orientales de América, pero no toda América.

Nos permitiréis que pasemos por alto cierto mapa, acaso el más famoso del mundo, al menos para los amigos de lo oculto, el de Piri Reis. Podéis encontrar una buena entrada sobre este mapa y todo lo que le rodea en la página de wikipedia, y elucubrar si esto es una prueba de que Colón, como parece ser, jugó con ventaja a la hora de embarcarse hacia América. Probablemente fue así, pero es una de las cuestiones que permanece en las brumas de la Historia.

Ya a primeros del siglo XVI hay un mapa, el de Walldesmuller, en el que América aparece como continente por si mismo, y no como la cara oriental de las Indias. Pero aun faltaba mucho por descubrir. Fijaos que de Australia, Nueva Zelanda o la Antártida, no hay ni un solo trazo.

Mapa de Walldesmüller 1507

Y en 1569 llegaría uno de los mayores avances de la cartografía, el mapa de Gerardus Mercator o Gerald Kremer, como seguramente sería conocido en su pueblo. Las aportaciones de Mercator no solo son de orden geométrico, con su proyección cilíndrica que permitía representar trayectorias sobre el globo terrestre mediante líneas rectas, sino que además prescindió de los incómodos e ilegibles caracteres góticos e introdujo los caracteres itálicos en los mapas, mejorando la interpretación y la cantidad de información que se podía incluir en un mapa. Esto puede parecer una tontería, pero probad a leer (y no digamos a hacer) un mapa con caracteres góticos y valorareis su aportación.

Mapa de Mercator 1569

Poco después, otro superhéroe de la cartografía nos dejó una obra clave para la historia de los mapas: el Orbis Terrarum de Abraham Ortelius, en 1570, primer atlas de la Historia, es decir, un compendio de mapas realizados con diferentes escalas, pero con el propósito de cubrir todo el planeta con información espacial. Ahí es nada.

Orbim Terrarum de Abraham Ortelius 1570

Como véis, el conocimiento sobre los continentes australes seguía siendo totalmente inexistente en la época de Ortelius. Se sabe que por Australia se había pasado, al menos lo españoles lo debieron hacer durante el siglo XVI, pero le debieron prestar poca atención. También se ha elucubrado sobre si los portugueses pasaron por allí, pero tampoco dejaron registro cartográfico. Durante el siglo XVII, diferentes marinos holandeses e ingleses habían navegado por ese territorio, generando mapas muy precisos, aunque incompletos.

No es hasta el viaje de James Cook, un señor de lo más parecido al capitán de Master and Commander, cuando se realiza una exploración completa de Australia y Nueva Zelanda. Fijáos qué mapa más certero, salvo por el detallito de la Antártida.

Mapa de James Cook 1784

Y la Antártida. El último gran pedazo de tierra emergida en incorporarse a los mapas. Seguramente se había descubierto antes, pero por desgraciados que no pudieron volver para contarlo. Así que el primer testimonio de uno que volvió para contarlo es el de Gabriel de Castilla en 1603, que puede que viera una de las islas Shetland del Sur, a unos 64ºS. Fueron frecuentes los avistamientos, pero no está muy claro quién fue el primer humano que holló suelo antártico. Se sabe que en 1820 el barco español San Telmo se perdió en el Cabo de Hornos, y que sus supervivientes probablemente vivieran un tiempo sobre este continente.

Ya en el siglo XX, con la exploración esencialmente británica (Scott y Shackleton como principales exponentes) se realizan los primeros mapas detallados de la Antártida.

Atlas de Stielers 1891

¿Y desde entonces? ¿Algún territorio descubierto? Pues lo sentimos, exploradores, pero cada vez va quedando menos. A lo largo del siglo XX se descubren y exploran las últimas islas australes. Y a día de hoy hay que esperar a que surja una nueva isla, como la de Pakistán, o la de Surtsey (ojo, frente a las costas islandesas y el primer país que reclamó su soberanía en 1967 fue ¡Francia!, aunque hoy pertenece a Islandia).

En cualquier caso, si nos enteramos de algún territorio nuevo, os lo contamos. Prometido.

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